Editorial: No es casualidad, es estrategia
No es casualidad. En política, las casualidades no existen. Cuando un gobernador pisa un municipio, no lo hace por azar ni por cumplir un mero protocolo. Lo hace porque hay un mensaje que dar, una señal que enviar y, sobre todo, un tablero que mover.
Esta semana, la llegada del jefe provincial a la localidad de Santa Rosa viene envuelta en un paquete de anuncios que, por sí solos, ya serían noticia: la inauguración de un colegio impecable, la continuidad del puente sobre la ruta S228, la conexión con la autovía 36, la nueva comisaría, la ansiada escuela de suboficiales, el proyecto de la universidad y el tan postergado inicio de las cloacas. Obras que transforman, que cambian el mapa urbano y que, vistas en su conjunto, colocan a esta ciudad en un lugar protagónico que pocas veces tuvo.
Pero sería ingenuo quedarse en el ladrillo y el cemento.
El verdadero motivo del desembarco provincial no es una obra, por más hermosa que sea. Es un mensaje político en mayúsculas.
El gobernador no viene solo a cortar cintas. Viene a respaldar con hechos al intendente "Tata" Martín, en una semana que no es cualquier semana. Viene a decir, sin decirlo del todo, que su apoyo es condicional pero firme: "Voy a estar con vos, pero necesito que esto funcione". Y el respaldo no llega con un apretón de manos, llega con obras, con presencia, con discurso duro y con mensajes cifrados que los que saben leer, leerán entre líneas.
Porque esta semana empezó cargada de trámite político pesado. El allanamiento al Concejo Deliberante no fue un hecho aislado. Fue un sismo que sacudió los cimientos del sistema político local. Y en ese terremoto, el gobernador elige no mirar para otro lado, sino plantar bandera. Su presencia es un acto de apoyo explícito, pero también un recordatorio: "Te respaldo, pero el costo político también es tuyo".
El paradigma está cambiando, y no es menor.
Durante años, la política local se leyó en clave de partidos: este es de acá, aquel es de allá. Pero las obras que hoy se ven —algunas anunciadas antes de las elecciones, otras prometidas en campaña y muchas hoy en plena ejecución— rompen con ese molde. Ya no importa tanto la sigla, sino el personaje. El intendente "Tata" Martín está logrando algo que pocos consiguen: despartidizar la gestión y convertirla en una cuestión de identidad ciudadana.
La frase se instala sola: "Todos somos cordobeses". Y no es un verso. Es una invitación a mirar hacia adelante, a dejar atrás la vieja política del agravio y el enfrentamiento, y a construir sobre lo que une, no sobre lo que separa. El hacer para todos, sin distinción de bandera, es el nuevo norte.
Mientras tanto, la oposición mira.
Y tendría que hacer algo más que mirar. Tendría que recalcular, porque el tablero cambió y las fichas ya no están donde estaban. Con una causa judicial abierta por lo ocurrido en el Concejo Deliberante, un presidente que parece haber olvidado lo que lo llevó a ocupar ese lugar, y un legislador que comparte despacho y estrategia con ese concejal, el tiempo de los discursos vacíos se terminó.
La oposición tiene dos caminos: seguir anclada en el pasado, en la crítica estéril y en la confrontación, o escuchar y mirar lo que la gente ya está viendo: que las obras avanzan, que las promesas se cumplen y que el respaldo del gobernador no es un premio, sino una consecuencia.
El acto de esta semana será clave.
No será una inauguración más. Será un termómetro político. Se espera un discurso duro, cargado de mensajes, con frases que quedarán flotando en el aire y que los analistas desmenuzarán durante días. El gobernador no vendrá a hacer turismo. Vendrá a marcar la cancha.
Y en esa cancha, "Tata" Martín tiene la pelota. Las obras están en marcha. El respaldo está en camino. La oposición, en cambio, sigue sin encontrar el arco.
La política, decía un viejo zorro, es el arte de leer el momento. Y el momento actual es claro: el futuro ya empezó, y no espera a los que se quedan mirando el pasado.
Que empiece el trajín. Esta semana promete.
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