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“Me contó un pajarito”… Pero parece que en el nido de los pájaros libertarios, el canto no es tan armonioso como pregonan. Hay una banda sonora que se repite con insistencia: persecución, hostigamiento, la mano negra del Estado contra los “hombres de bien”. Sin embargo, cuando uno se acerca a mirar el gallinero, descubre que las plumas no son tan blancas.

 

El primer pajarito gorjea persecución. Dice que lo acosan, que no lo dejan trabajar. Pero ¿dónde queda la persecución cuando lo que se le pide es, simplemente, tener el local en regla? ¿Acaso habilitar un comercio es un acto de opresión o un requisito básico de convivencia ciudadana? ¿Y el empleado sin carnet? Ah, de eso no se habla. Parece que la “superhonestidad” es un concepto selectivo: se exige al Estado, pero no se aplica en la propia vidriera. Si te llaman para ponerte en norma, no es hostigamiento, es control. Si te piden los papeles, no es persecución, es ley. Pero claro, en el libreto del agraviado perpetuo, cualquier llamado de atención es un ataque a la libertad.

 

Y el segundo pajarito, el de la energía solar (o más bien, el de la energía “prestada”), resulta ser un genio de la electricidad. Le labraron un acta y, oh casualidad, lo agarraron con el “neutro” en la mano. ¿Qué significa eso? Que no era precisamente un panel solar lo que estaba instalando, sino una ingeniosa (y delictiva) artimaña para sustraer luz y abastecer un comercio. Eso no es emprender, es robar. Eso no es ser pionero, es ser vivo (y no precisamente en el buen sentido).

Entonces, señores pajaritos, hagamos un ejercicio de coherencia: si el Estado es ineficiente y ladrón, ¿por qué imitan sus peores mañas? Si predican la cultura del trabajo y la honestidad radical, ¿por qué esquivan las normas que ellos mismos deberían respetar?

 

No, amigos. Persecución es otra cosa. Persecución es cuando te allanan sin orden judicial, cuando te censuran sin motivo, cuando te encarcelan por pensar distinto. Pero que un inspector te multe por tener un local irregular o que la policía te pare porque circulas sin licencia, eso se llama Estado de Derecho. Ustedes no son perseguidos; son controlados, y el control duele solo cuando uno tiene algo que ocultar.

 

Así que ya saben, dejen de hacerse los pajaritos cantores. Porque si el nido está hecho con ramas podridas y cables pelados, el que termina electrocutado es el vecino, no el Estado. La próxima vez que hablen de libertad, asegúrense de que su factura de luz esté al día y su habilitación municipal a la vista. Porque ser libertario no es quejarse del sistema; es demostrar con el ejemplo que se puede vivir sin robarlo.

Autor: Gaston Ferrario y El Pajarito