"Cuando la realidad no firma, la pataleta es la norma"
Parece que en Concejo Deliberante de Santa Rosa los aires se están volviendo irrespirables. Y no es por el calor de julio, sino por el humo de una interna que ya huele a chamusquina. Me contó un pajarito —y no uno cualquiera, sino de esos que se posan en los expedientes— que el Concejo está más caliente que una pava en mateada, y no precisamente por el debate democrático.
Resulta que, según el cantar de las aves en la calle Córdoba, en los últimos dias se armó una convocatoria exprés al Tribunal de Cuentas. La excusa: una "charla amena" para que les aclararan si los números del municipio cerraban o no. Todo muy civilizado, ¿no? Hasta que la realidad se cruzó con la narrativa.
El tribuno, con la paciencia de un maestro de jardín de infantes, les explicó con números en mano que todo estaba en orden. Que las cuentas, aunque ajustadas, tenían coherencia. Pero ahí pasó lo increíble: lejos de aceptar el diagnóstico técnico, dos concejales de ese mini interbloque que parece más un club de la pelea que un espacio político, se subieron al carro de la prepotencia. Trataron mal al funcionario y, como si estuvieran en un boliche a la salida, quisieron echarlo del recinto.
¿Cómo es eso? ¿Acaso la nueva modalidad es "si no te gusta lo que dice el especialista, lo pateamos afuera"? Porque si el Tribunal de Cuentas —que para algo está— dice que los papeles están en regla, pero a ustedes no les sirve porque no alimenta el relato del caos, entonces el problema no son los números, señores, son ustedes.
El tiro les salió por la culata. Quisieron instalar la idea de que todo es un desastre, que las finanzas son un changui, y cuando el propio órgano de control les dijo que no, que no había humo, ellos se empecinaron en prender el fuego. Eso no es hacer política, eso es hacer berrinche. Es intentar cambiar la realidad con la chicana y la agresión, como si los déficits se arreglaran con gritos y los superávits con portazos.
Lo peor de todo es que vienen del oficialismo. Si hasta hace dos semanas cantaban las alabanzas del gobierno municipal, ahora se disfrazan de jueces implacables. ¿Coherencia? La justita que necesitan para su relato. Porque al final, cuando te sentás en la banca que te dio el voto popular, se supone que es para fiscalizar con seriedad, no para montar un circo de una pista donde el payaso quiere ser el domador.
Este es otro capítulo de la telenovela municipal que ya aburre. Pero cuidado, porque la paciencia de la gente no es eterna, y los vecinos, a diferencia de estos concejales, sí saben sumar y restar. Y lo que están viendo es a dos ediles que, ante la imposibilidad de torcer la realidad, optan por la pataleta.
Señores concejales: la política no es un ring, es un pacto. Y si no pueden con la verdad de los números, al menos tengan la grandeza de retirarse con dignidad, no de empujar la silla del que les está diciendo la verdad. Porque, como dice el refrán, "cuando el río suena, agua lleva"; pero cuando el agua está clara y ustedes insisten en enturbiarla, lo único que logran es mojarse solos
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