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Editorial «Me contó un pajarito»

A veces la política local parece una obra de teatro donde todos olvidaron su papel. La última perla: el Concejo Deliberante y la Intendencia de Santa Rosa midiéndose el pulso a ver quién saca más viruta del escritorio. El conflicto llegó al punto de intentar –digamos– «licuar» el pago de sueldos justo el 1° de mayo. Nada menos. Porque no hay mejor homenaje al Día del Trabajador que dejar a los trabajadores con el sueldo en veremos. ¿Mano artera? ¿Torpeza estratégica? Ustedes juzguen.

La maniobra era tan sutil como un ladrillo en la nuca: pasar a comisión el acuerdo con el gremio después de que el propio gremio lo había comunicado por nota al HCD. Pero el intendente Eduardo «Tata» Martin, que ya conoce estas coreografías, tenía bajo la manga dos liquidaciones. Como quien lleva paraguas y protector solar el mismo día. A las 12 del jueves llegó la conformidad concejil… tarde, mal y con ribetes de opereta.

Mientras tanto, en la Fiesta del Empleado Municipal –esa rara avis donde se aplaude a quien barre las plazas y maneja los expedientes– los concejales y miembros del Tribunal de Cuentas decidieron hacer tiempo… en otra parte. Brillaron por su ausencia. ¿Casualidad? ¿Huelga de brazos caídos de la representación política? El vecino sospecha que no es cansancio, es coreografía.

Y llegamos al clásico argentino: los gastos de representación. Esos que unos denuncian cuando los usa el otro, pero cuando llega el propio reintegro, misteriosamente nadie los devuelve al tesoro municipal. La coherencia política, al parecer, se toma vacaciones sin aviso. La pregunta del millón: si un concejal cobra más de un palo doscientos más viáticos, ¿no debería al menos cumplir el horario sindical de 7 horas como el resto de los mortales? Porque estar en la foto del acto escolar o aparecer en el corte de cinta no es militancia territorial, es turismo institucional.

Santa Rosa no es chica ni ingenua. Y esta columna no busca crucificar a nadie, sino recordar algo básico: gobernar es asistir, decidir y rendir cuentas. No delirar estrategias de ajedrez con los platos rotos de los empleados. Si el Concejo quiere ser fiscal, que empiece por fiscalizar su propio espejo. Si la intendencia quiere gestos de grandeza, que no espere a tener dos liquidaciones preparadas para salir del paso.

Porque al final, la política no es un reality de alianzas fugaces. Es, sobre todo, aparecer –física y éticamente– cuando te necesitan. Mientras tanto, el pajarito sigue silbando en la plaza. Y se ríe.

Autor: admin