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La temporada de verano 2025/2026 en Calamuchita dejó una postal engañosa: destinos llenos, pero bolsillos vacíos. Detrás de los buenos niveles de ocupación —entre el 70% y el 85%— se esconde una realidad incómoda: el turismo ya no está generando la rentabilidad que el sector necesita para sostenerse.

El dato no es menor. El informe elaborado por Facundo Suárez, uno de los principales asesores turísticos de la región, pone sobre la mesa lo que muchos prefieren no decir: el modelo turístico actual muestra signos claros de agotamiento.

Más visitantes no significa más ingresos. Al contrario. Estadías más cortas, turistas que gastan menos y un consumo cada vez más medido están vaciando de contenido económico una actividad que históricamente fue motor del valle.

La situación se agrava con una temporada cada vez más corta. Casi la mitad del sector asegura que todo se concentra en apenas 30 días, mientras que más del 50% califica el verano como regular o directamente malo. No es percepción: es malestar real.

Febrero terminó de confirmar la tendencia. Caídas de hasta el 25% en algunos casos encienden una alarma que ya no puede ser ignorada: muchos emprendimientos están empezando a quedar al límite.

El problema de fondo no es la cantidad de turistas. Es el valor que dejan. Y ahí está el verdadero desafío que Calamuchita todavía no logra resolver.

Seguir celebrando números de ocupación sin mirar la rentabilidad es, en el mejor de los casos, ingenuo. En el peor, peligroso.

Porque si no se corrige el rumbo, el riesgo es claro: tener cada vez más turistas… pero cada vez menos negocio.

1. Desacople entre volumen de actividad y rendimiento económico
La temporada mostró niveles sostenidos de afluencia, pero con una caída en indicadores de rentabilidad, evidenciando una pérdida de eficiencia económica del sistema turístico.

2. Reconfiguración estructural de la demanda
Se observa una demanda más concentrada temporalmente, con picos de alta intensidad y baja tracción en períodos intermedios, lo que afecta la capacidad de estabilizar ingresos a lo largo de la temporada.

3. Mayor segmentación y heterogeneidad en la performance
Los resultados reflejan un mercado más competitivo, donde variables microeconómicas —como precio, ubicación, servicios, posicionamiento y canales de comercialización — explican los niveles de ocupación.

4. Escenario de estancamiento con sesgo contractivo
Si bien parte del sector sostiene niveles similares al período anterior, predomina una percepción de caída, con impacto más marcado en febrero y compresión de márgenes operativos.

5. Limitaciones estructurales y déficit de articulación
Se identifican debilidades en la coordinación público-privada, integración regional y estrategias de promoción, que restringen la capacidad adaptativa del destino frente a cambios en el mercado.